El futuro de América latina

Desde Río de Janeiro

El siglo XXI ha sido el siglo de América latina. Después de haber sido la región del mundo con mas gobiernos más –y los más radicales–, el continente reaccionó transformándose en el continente con gobiernos y líderes antineoliberales cada vez más prominentes.

Primera fase de resistencia al neoliberalismo, luego de al menos una década de grandes movilizaciones –que incluyeron las reuniones del Foro Social Mundial– contra este modelo hegemónico a escala mundial, surgieron en América Latina nuevos tipos de gobiernos y líderes. Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador. Hugo Chávez, Lula da Silva (foto), Néstor y Cristina Kirchner, Pepe Mujica, Evo Morales, Rafael Correa diseñaron el nuevo escenario del continente, que a la vez lo proyectó como territorio privilegiado de la confrontación más importante de nuestro tiempo: neoliberalismo versus antineoliberalismo.

Desde que el capitalismo asumió el neoliberalismo como su modelo hegemónico y extendió este modelo a prácticamente todo el mundo con una velocidad sin precedentes, América latina ha sido víctima privilegiada de este modelo. Habiendo llegado al continente a través de la dictadura de Pinochet -quien importó a los Chicago Boys para implementar este modelo-, se extendió prácticamente por todo el continente, al mismo tiempo que la socialdemocracia europea -encabezada por Francois Mitterrand y Felipe González- estaba en proceso de reconversión al nuevo modelo de capitalismo.

Neoliberalismo y antineoliberalismo

En América latina, el nacionalismo del PRI mexicano y una versión del nacionalismo peronista, con Carlos Menem, proyectaron este mismo tipo de conversión en el continente. Le siguieron la socialdemocracia chilena, venezolana y brasileña, entre otras, concluyendo el nuevo escenario político en el continente.

El surgimiento del antineoliberalismo, aún a fines del siglo XX, asumió la prioridad de las políticas sociales -en el continente más desigual del mundo-, en lugar del ajuste fiscal, propio del neoliberalismo. Rescató el papel activo del Estado, en lugar de la centralidad del mercado. Implementó políticas de integración regional, en sustitución de los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos.

En su primera fase, estos gobiernos lograron reducir significativamente las desigualdades sociales y regionales, retomar el crecimiento económico, ampliar el mercado interno de consumo masivo y generar empleos, fortalecer y ampliar los procesos de integración regional, en lugar de relaciones privilegiadas y subordinadas a Estados Unidos.

Estos gobiernos rompieron con la idea del pensamiento único y la inevitabilidad del neoliberalismo y proyectaron un nuevo escenario político a escala mundial, convirtiéndose en un referente central para las luchas del siglo XXI.

En su segunda fase, este tipo de gobierno se extendió a México, con el gobierno de López Obrador, a Honduras, con el gobierno de Xiomara Castro, a Colombia, con el gobierno de Gustavo Petro, a Chile, con el gobierno de Gabriel Boric y a Perú con el gobierno de Pedro Castillo. Nunca Estados Unidos ha estado tan aislado en América Latina como ahora.

La elección de Lula

La elección de Lula completó este cuadro de gobiernos progresistas de izquierda, caracterizando este siglo por una fuerza antineoliberal. Plantea posibilidades y desafíos para el continente sobre cómo hacer uso de este impresionante conjunto de gobiernos progresistas, en un mundo que sigue siendo esencialmente neoliberal y conservador.

Inmediatamente se fortalecerán los procesos de integración política y económica existentes, desde el Mercosur hasta la CELAC, pasando por la Unasur. Para hacer uso de esta fuerza política para avanzar en los procesos de integración económica, fortaleciendo la lucha contra el neoliberalismo, Lula propone la creación de una moneda sudamericana -cuyas siglas serían SUR-, que desdolarizaría el comercio de la región, lo que, a su vez, demandaría un Banco Central Sudamericano. Los países que lo deseen podrían usar esa moneda como la moneda nacional de su país. Brasil estaría dispuesto a poner sus reservas -grandes, provenientes de los gobiernos del Partido de los Trabajadores- en apoyo de esta moneda.

Lula tiene claro que es un proceso complejo, que requiere mucha elaboración y articulación política. Por eso pretende empezar a trabajar en este proyecto desde el inicio de su gobierno, a principios de 2023. Sería un paso innovador para pasar de la resistencia al neoliberalismo, del antineoliberalismo al posneoliberalismo.

Su perspectiva es vista con buenos ojos por el gobierno argentino que, además de este avance en la integración económica de la región, podría ser el camino para que Argentina supere los graves problemas de inflación que enfrenta el país. Ecuador, a su vez, podría utilizar esta nueva moneda para superar el dólar impuesto por el neoliberalismo al país.

Integración económica

De esta forma, el proceso de integración latinoamericano podría entrar en una nueva etapa, apoyado en la gran cantidad de gobiernos y proyectos progresistas que permiten avanzar de la integración política a la económica.

Una nueva etapa demandaría la elaboración de proyectos del tipo de Estado y sociedad que requiere el continente y cada país, para comenzar a diseñar la superación del neoliberalismo.

La intensa participación latinoamericana en los BRICS permitirá a América latina participar en los grandes enfrentamientos internacionales del siglo XXI, siendo el central entre el declive de la hegemonía norteamericana y el surgimiento de un mundo multipolar.

El mayor desafío que tenemos por delante es cómo afrontar el futuro de América latina, cómo configurar un nuevo mundo posible, a 20 años del surgimiento del Foro Social Mundial y de los primeros gobiernos antineoliberales.