Respetar el calendario anual de vacunas

En la prevención personal tendiente a aventar los riesgos de contraer enfermedades de distinto origen, desde hace tiempo se ha instalado que con un reducido menú de vacunas podemos estar a resguardo. Un ejemplo que encaja en esa percepción es la vacuna antigripal. Por cierto, una inoculación indispensable en cualquier programa anual, de modo de tener cobertura frente a las afecciones del llamado virus de influenza.

Sin embargo, el calendario nacional de vacunación contempla la defensa inmunológica contra numerosas patologías, sobre todo aquellas que deben prevenirse desde los primeros años de vida.

Son reglas sanitarias básicas que no pueden desatenderse, tanto de parte del Estado como de la población. Para ello, las campañas de difusión pública son herramientas de enorme utilidad.

Como publicamos días atrás en un informe sobre esta problemática, en la provincia de Córdoba hubo una merma significativa en la vacunación de todas las dosis que integran el calendario en modo carné.

No es un dato menor, pues como advierten los especialistas se corre el riesgo de que se produzca un rebrote de enfermedades que habían sido controladas, como el sarampión, la tos convulsa, la difteria, el tétano y la tuberculosis.

Está claro que la irrupción, en marzo de 2020, de la pandemia del coronavirus no es ajena a esta caída en la marcha habitual del programa nacional de vacunación. El posterior cierre de las escuelas y la cuarentena que impuso fuertes limitaciones al desplazamiento de gente contribuyó de manera decisiva en la disminución de inmunizaciones.

Además, con la llegada al país de las vacunas contra el Covid-19, la población en general ingresó en la lógica preocupación por recibir las dos dosis recomendadas, en un contexto de temor creciente.

Con todo, la situación no es nueva y amerita asumir las precauciones del caso, con las autoridades gubernamentales en la primera línea de combate.

“La cobertura de vacunación ya venía descendiendo desde 2013 en Córdoba, y desde 2009 a nivel nacional. Pero en 2020 la tendencia se agudizó”, advirtió Gabriela Barbás, secretaria de Prevención y Promoción de la Salud de la provincia de Córdoba.

Tal como sucede con la inoculación para mitigar la propagación de contagios del coronavirus, el referido programa nacional de vacunación debe llegar a los grupos sociales más vulnerables por la pobreza.

Se trata de barriadas populares con miles de habitantes, a menudo abandonados a su desesperanza, lo que se refleja en los indicadores sobre pobreza e indigencia extrema, divulgados recientemente en referencia a ese inmenso conglomerado urbano que es el Gran Córdoba.

La tragedia de la pandemia debe encender luces de alerta, de forma tal de no hundirnos en otras contingencias sanitarias cuya principal receta de previsión radica en adherir sin reparos de ningún tipo a los planes de salud de orden nacional y provincial.

El esquema argentino de vacunación es extenso y de probada suficiencia. Protegernos de las bacterias y de los virus que pululan en estos tiempos es una necesidad colectiva, con el Estado como soporte.