Cuando el lenguaje crea puentes con la sociedad

En los últimos años, distintos tribunales argentinos comenzaron a incorporar procedimientos de clarificación del discurso jurídico, con el objetivo de garantizar el derecho de la ciudadanía a comprender. Estas iniciativas se hacen eco de los postulados del movimiento de lenguaje claro, que hoy celebra su día internacional.

El 13 de octubre se conmemora la firma del acta de escritura simple por parte del entonces presidente de los Estados Unidos Barack Obama. Este instrumento legal obliga a los organismos federales de aquel país a incorporar el lenguaje claro en la redacción de todos los textos que emiten.

En Argentina, ha tenido mayor visibilidad una modalidad de clarificación del lenguaje jurídico: las comunicaciones de lectura. Se trata de textos adaptados a las disímiles competencias comunicativas que tienen las personas que pertenecen a colectivos vulnerables, tales como niñas, niños y adolescentes (NNA), personas mayores y personas con discapacidad, entre otros.

Con estos mensajes, redactados en términos sencillos, los tribunales pretenden cumplir con los principios que consagran las Reglas de Brasilia sobre acceso a la Justicia de las personas en condición de vulnerabilidad. Estas orientaciones fueron redactadas en el marco de la Cumbre Judicial Iberoamericana y, entre otras cosas, establecen que en las resoluciones judiciales “se emplearán términos y construcciones sintácticas sencillas, sin perjuicio de su rigor técnico”. También definen que “en las notificaciones y requerimientos, se usarán términos y estructuras gramaticales simples y comprensibles, que respondan a las necesidades particulares de las personas en condición de vulnerabilidad”.

Inspirado por dicha normativa, el Juzgado de Niñez de la ciudad de San Francisco (provincia de Córdoba) comenzó a incorporar párrafos de lectura fácil a las resoluciones que involucraban a NNA. En ellos, el juez Andrés Peretti les explica, en términos simples, la decisión que adoptó y las consecuencias que esta tendrá para la vida cotidiana.

Así lo hizo en una sentencia que otorga a un matrimonio la adopción plena de una niña. En esa comunicación de lectura fácil, el magistrado se dirige a ella en estos términos: “A partir de ahora, voy a hacer que en los papeles figure que sos hija de R. y P. y que vos también puedas tener el mismo apellido que ellos, tal como te conocen tus amiguitos y amiguitas. Vas a tener un nuevo DNI”. Además, le explicó que su opinión y sus deseos habían sido especialmente tenidos en cuenta para conceder la adopción.

Pero la historia no terminó ahí.

Unos días después de notificar a la familia sobre la adopción, el juez Peretti recibió en su despacho un sobre que contenía una fotografía de la niña y una carta manuscrita firmada por ella.

“Juez Andrés, te escribo esta carta para decirte que me hizo muy feliz recibir tu carta y la noticia que tanto esperaba. Llegó el día que tanto quería, ahora tengo el apellido de mis papás. Anoche dormí tan bien. Soy muy feliz y quería decirte gracias por ayudarnos con todos estos trámites. Mis papás me mostraron los papeles y yo te agradezco porque estuviste trabajando mucho. Te regalo una foto mía para que me recuerdes. Yo te guardo en mi corazón”, escribió la niña.

Nadie imaginó tal reacción. Nunca se había recibido en el tribunal una respuesta así, aunque en varios procesos ya se habían introducido párrafos de lectura fácil. Las palabras de la niña eran conmovedoras y mostraban en forma contundente y palpable el impacto que una resolución judicial tiene en las personas que están involucradas.

Más allá de la satisfacción personal y profesional del tribunal por la respuesta de la niña, este tipo de hechos evidencia que la comunicación con las personas que acuden a la justicia es un asunto decisivo en la determinación de la relación de la administración de justicia con la ciudadanía. Usar un lenguaje jurídico claro no es sólo una cuestión de estilos de escritura, sino que constituye un gesto de cortesía hacia la gente, que de ninguna manera socava la autoridad judicial; por el contrario, la fortalece. Además, así se estrecha el vínculo entre la magistratura y la comunidad a la que esta presta un servicio.

Si los poderes judiciales resuelven los conflictos interpersonales a través de la palabra, es imprescindible hacer un esfuerzo para que esa palabra sea comprendida y valorada por las personas usuarias del servicio de justicia. La comunicación clara es parte de la función pacificadora de la administración de justicia y también fuente de su legitimidad.

* Coordinador del Comité de Lenguaje Claro y Lectura Fácil del Poder Judicial de Córdoba.