Hernán D’Arcángelo: el día que obtuvo una medalla histórica tras un partido épico

El 16 de octubre fue un día movido para la delegación argentina en los Juegos Panamericanos 2011. En aquel primer domingo de competencia, el ciclista bonaerense Matías Medici cruzó segundo los famosos arcos de Guadalajara, antiguo ingreso a la ciudad mexicana, para darle al medallero albiceleste su primera presea en la competencia, en contrarreloj.

En otro rincón de la ciudad tapatía, el equipo argentino de tenis de mesa formado por Liu Song, Pablo Tabachnik y Gastón Alto se aseguraba una medalla al haber accedido a las semifinales, que disputaría al día siguiente.

Pero nada de eso sabía el cordobés Hernán D’Arcángelo, que tenía sus sentidos alerta para defender cada pelotita corriendo de un lado al otro y construir así otra alegría para la representación nacional en compañía del rosarino Robertino Pezzota.

Para lograrlo tuvo que revertir un marcador por demás adverso y frente a una pareja que, por nombres y ubicación en el ranking, se llevaba las de ganar.

En los cuartos de final de la competencia de dobles de squash, D’Arcángelo y Pezzota vencieron a la dupla brasileña Vinicius de Lima-Rafael Fernandes por 2-1 para avanzar a semifinales y asegurarse la única medalla de bronce panamericana que ostenta al día de hoy el squash argentino en esa especialidad.

“Si había que apostarle a uno era a ellos. De hecho íbamos perdiendo 1/0, 9-6, y era a 11. Estábamos casi out. Pero levantamos, ganamos 11-9 el segundo game y el tercero 11-5. Fue terrible. Fue un partido que duró más de dos horas y media. ¡Larguísimo!”, rememora el cordobés.

Aquel 16 de octubre de 2011 se convirtió así en el Día “D” de la carrera deportiva de Hernán D’Arcángelo.

“Como hecho simbólico, como competencia, como logro, es un día que me va a quedar marcado para siempre”, asegura el cordobés, que a los 40 años, ya retirado, sigue jugando “por diversión”, y también sigue ligado a la selección argentina como parte de su cuerpo técnico.

Subirse al podio de Guadalajara 2011 fue para él una especie de trampolín. “El logro de los Panamericanos me ayudó mucho en lo psicológico, en la confianza. Fue un Día ‘D’ en mi carrera, porque a partir de ahí fui en levantada”, confía el cordobés, que al año siguiente tuvo otra destacada actuación en el Panamericano de Squash de Ambato (Ecuador).

“Fui campeón de dobles, por equipos, llegué a la final individual…”, enumera y destaca que es “algo que sólo dos argentinos habían logrado”. “Después de eso vino el Mundial de Alemania, que también me fui muy bien, el de Francia en 2013…”, continúa Hernán para graficar la importancia que la medalla panamericana tuvo en su carrera.

Camino al podio

Un mes de entrenamiento en la altura mexicana de La Loma le permitió al equipo argentino “llegar muy bien preparado a los Panamericanos”, aunque, asegura D’Arcángelo, “no tanto como para ser favoritos”.

Para el cordobés, los de Guadalajara fueron sus primeros Juegos y los coronó con un podio. “Tenía compañeros que ya habían ido a tres Panamericanos y no habían ganado nada. Y yo en el primero gané. Eso también me marcó, así como el contexto, el hecho de salir en todos lados por ser medallista panamericano. Todo me marcó y me sirvió”, concluye Hernán, que no alcanzó a “digerir” el pase a semifinales que ya tuvo que entrar a la cancha de nuevo.

“Terminamos el partido contra Brasil y a los 45 minutos tuvimos que jugar la semifinal contra México, que había jugado media hora a las 10 de la mañana”, se lamenta el cordobés y cuenta: “No habíamos podido ni comer. No habíamos alcanzado a digerir que habíamos ganado una medalla. Estábamos todavía exaltados y nos tuvimos que meter a la cancha. Fue lo que nos tocó”.

El partido finalmente quedó en poder de los locales que, a la postre, ganaron la medalla de oro.

“Fue todo tan rápido que nos quedó la duda de cómo hubiera sido el partido en una situación normal… pero no lo vamos a saber nunca”, reflexiona y valora: “El análisis posterior fue que ya teníamos una medalla y que eso de por sí era positivo. Siempre con Robertino, cuando aparece el recuerdo, lo disfrutamos más y entendemos lo que ganamos, porque es la única en la historia de dobles. Con el paso del tiempo se valora más ese logro en la única modalidad en la que jugás con un compañero… Mientras más pasa el tiempo, y no se gana otra, más importancia le damos a lo que conseguimos”.

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(Télam / Archivo)
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