Política del placer: nuestro comentario de Sol Alegria

El placer irrita, el auténtico. Las razones son misteriosas siempre: ¿qué puede importar lo que otros sienten hacer para satisfacerse? Por alguna razón, los regímenes propensos al autoritarismo tienden a regular las conductas, y las que aluden directamente a los placeres sexuales son las predilectos de aquellos. Por eso, nunca está de más revisar la vieja y desacreditada tesis de Willhem Reich sobre el vínculo estrecho entre fascismo y sexualidad.

En las coordenadas simbólicas aludidas más arribas, aquellas en la que política, placer y sexo se solapan, es exactamente donde se sitúa la fantasía libertaria de Tavinho Teixeira llamada Sol Alegria. El título remite a una comunidad clandestina situada en alguna región perdida de Brasil, en donde las monjas cultivan cannabis y las propias religiosas y los visitantes celebran la existencia sin desestimar los placeres corporales.

Esto sucede en un país en el que rige un gobierno puritano y filocastrense, que adoctrina, controla y persigue. El imaginario Brasil de Teixeira precede al del país hermano liderado ahora por un lenguaraz mandatario capaz de menoscabar y burlarse de las minorías; pero que el filme lo prefiguró lúdicamente no amerita discusión alguna. Es evidente.

Teixeira está detrás y delante de cámara. Su personaje es clave: es un típico burgués brasileño que en el transcurso del relato tendrá la ocasión de examinar su propia conciencia y comprender quién es y qué ha hecho en su vida. Ese momento en el filme es glorioso y llega en el final, instante confesional a propósito de un número circense que tiene lugar en la selva.

El segmento musical de ese pasaje es apoteótico: Ney Matogrosso interpreta 1964, con texto de Borges y música de Piazzolla. Después, Teixeira dice lo suyo. ¿Habla el personaje? ¿Hablan él y su personaje? A esta escena catártica se arriba después de un extenso relato lúdico, en el que una familia tipo (papá, mamá y dos hijos, el varón y la mujercita) escapan de los controles militares que se extienden por todo el país mientras se dirigen a la comunidad.

El tono carnavalesco y la traducción cinematográfica en texturas entre inverosímiles y oníricas (las transparencias son tan hermosas como “amateurs”) desestiman cualquier representación realista, pero que se evite copiar la realidad como suele verse no significa que esté elidida. El delirio y el juego pueden ser muy serios, y el trasfondo de Sol AlegrIa no solo apunta al devenir reaccionario de Brasil, sino también a vindicar los fugaces placeres al alcance de cualquier hombre y mujer ante la clarividencia de que “la vida es corta, aunque las horas son tan largas”, como dice el tema interpretado por Matogrosso. 

En abierta sintonía con la casi perimida tradición brasileña de la pornochanchada, Teixeira ha hecho una de las películas más libres de su país y también más festivamente política. Algo así en otros países de la región es casi inimaginable. La ficción del cine independiente brasileño vive una época excepcional. He aquí una indesmentible prueba de esta afirmación. 

Sol alegria(Brasil, 2018). Dirigida por Tavinho Teixeira y Mariah Teixeira. Escrita por Tavinho Teixeira.  Producida por Max Eluard. Fotografñia por Ivo Lopes Araújo. Montaje por  Editor Frederico Benevides. 90minutos. Sexo: Alto. Complejidad: nula. Violencia: nula. Se puede ver en Mubi.

“Sol Alegria”