José Ruchansky y su Día “D”: un momento que llegó lejos de las pistas

Quizás muy pocos se atreverían a contradecir o a poner en duda que el “día D” en la vida deportiva de José Ruchansky no sea otro que aquella gloriosa jornada en la capital boliviana de La Paz, donde “el Ruso” lograría el récord mundial de kilómetro contrarreloj. No lo fue, aunque está muy emparentado.

El 7 de noviembre se cumplirán 42 años de una de las mayores proezas que dio el deporte cordobés alrededor del mundo. Pero tamaña conquista fue una consecuencia, según lo entiende el mismo cordobés, de un momento mágico vivido unos meses antes fuera de las pistas que lo vieron triunfar. “Fue el momento que rescaté con el paso de los años porque me sirvió para alcanzar ese logro”, se sincera el “Ruso”, quien durante la charla le pone una pizca de misterio al acontecimiento que merece ser contextualizado.

Abogado luego de finalizar 15 años de competición y próximo a cumplir los 64 años (el 15 de noviembre), “el Ruso” apila anécdotas y consagraciones de las que no le cuesta abandonar los finos detalles. Desde aquellas temporadas inolvidables en el velódromo del barrio Ayacucho, donde llegaban a correrse hasta 17 domingos ininterrumpidos, hasta los 33 triunfos en 34 carreras consecutivas (“una no la gané porque me caí”, le recuerda a Mundo D), Ruchansky espera que la pandemia le permita seguir coordinando, desde la Agencia Córdoba Deportes, los circuitos del estadio Mario Kempes y la Escuelita provincial de ciclismo que participaba en los Juegos Evita.

Ganarle al ídolo

Haciendo un repaso de lo que fue su itinerario deportivo, Ruchansky tampoco quiso dejar de lado una actuación que lo tuvo como uno de los protagonistas. Fue en ocasión del Campeonato del Mundo de Venezuela, en 1977, cuando con apenas 20 años se dio el gusto de eliminar a su ídolo de por entonces, el francés Daniel Yves Morelón, un ciclista con tres campeonatos olímpicos y otros ocho campeonatos mundiales.

Aún se asombra al recordarlo. Pero no tanto por la actuación histórica de salir noveno dentro de un lote de 156 velocistas, sino por el duelo ante el francés: “Tuve la terrible suerte de ganarle a mi ídolo máximo. Cuando lo vi y compartí un comedor con él me parecía ¡una cosa de locos! Cómo habrá sido la cara de estúpido que habré puesto que vino a saludarme a la mesa, antes de la carrera. Me acuerdo que empecé a avanzar de rondas, siempre me juntaban con los mejores porque no llevaba antecedentes, hasta que me toca la serie con él y un checoslovaco. ¡No sabés cuando me di cuenta que le había ganado a Morelón! Era tocar el cielo”.

Hacer una “vaquita”

El año 1978 había arrancado muy bien con la conquista de dos especialidades en el Campeonato Argentino de Bahía Blanca, donde junto con Pedro Omar Caíno y Eduardo Trillini se llevaron los cuatro títulos. “Esa actuación nos envalentonó y le pedimos apoyo a la Federación Argentina para ir al mundial de Alemania. Pero estaba intervenida y nos dijeron que no tenían plata. Lo mismo decidimos ponernos a entrenar y ver la forma de cómo pagar los gastos. Yo era el más seco de los tres”, reconoce “el Ruso”.

Un sábado de julio, y luego de cumplir en Buenos Aires las marcas de tiempo requeridas para ser autorizados al Mundial, lo entrevista Víctor Brizuela en Sucesos deportivos para saber cómo le había ido, a lo que Ruchansky le cuenta que había logrado los tiempos y que “ahora debía juntar la plata para ir”.

Horas después se enteraría que, luego de esa nota, comenzaría a armarse una movida para canalizar ayuda para su viaje.

“Cuando regreso ese domingo a Córdoba, luego de viajar en un camarote del tren Rayo de Sol, me esperaban José Ayi, con un móvil del programa Hola, domingo y el periodista de La Voz Carlos Córdoba. Pero además me sorprendo porque había dirigentes de la Federación cordobesa, Horacio Márquez y Jorge López Amaranto”, quien era el director deportivo del equipo de la Unión de Tranviarios Automotores (UTA) y en el cual “el Ruso” era uno de sus integrantes. Ese día, con toda esa promoción, llegaron las colaboraciones de carne, bebidas y demás para hacer un gran asado popular que permitiera conseguir fondos para el Mundial de Alemania.

Una semana después lo llevan a un colmado salón de la UTA en avenida Vélez Sársfield, donde “para mi sorpresa, me esperaban mi Viejo (Alberto), mi Vieja (Eugenia), quien era mi novia y actual esposa (Olga Noemí), amigos y a otros dirigentes, todos sosteniendo la bandera argentina, y cientos de personas haciéndome autografiar una banderita que se habían repartido. Fue una cosa muy emocionante que me marcó de por vida”, dimensiona lo que, con los años, constituiría su “día D”.

Vergüenza y revancha

Pero, en Alemania, la suerte le sería esquiva. Una lluvia, que había mojado parte de la pista, demoró la realización de la prueba. Ruchansky, junto con Trillini y un asistente argentino, desconocedores del idioma alemán, entendieron que la prueba se trasladaba para el día siguiente, siendo que sólo había sido aplazada por un par de horas. “Cuando nos volvíamos al hotel, después de una hora y media, ¡vemos que se preparan para largar! Ahí nomás armamos la bici como pudimos y, sin calentar, salí a la clasificación”. Terminó décimo.

“Esa actuación me dio tanta pero tanta vergüenza que, después de Alemania, no volví a Córdoba”, evoca. Se quedó en Buenos Aires. “Quería mi desquite. Y me puse a entrenar como loco para los Juegos Odesur de Bolivia”.

Como él mismo reconoce y valora, la conquista mundial en Bolivia fue “consecuencia directa de ese momento inolvidable que me brindó la gente en el salón de UTA y una forma de reconocer todo esfuerzo que hicieron para que pudiera viajar al Mundial”, reflexiona 42 años después en tono de agradecimiento

“Sentía que los había defraudado en Alemania y que estaba en deuda con ellos”, concluye “el Ruso”, quien podrá estar tranquilo, pues la canceló sobradamente.

Un momento que llegó lejos de las pistas

(Imágenes gentileza de José Ruchansky)
El momento de la sorpresa al “Ruso” en la UTA. (Imágenes gentileza de José Ruchansky)
José Ruchansky, un héroe del ciclismo cordobés.