Un viaje de terror: luces y sombras de la serie futurista “Snowpiercer”

En 2013, el director coreano Bong Joon-ho estrenó El expreso del miedo, una película inspirada en la novela gráfica Le Trasperceneige (1982). En aquel momento, la película tuvo muy buena recepción por parte de la crítica y los espectadores. 

Ahora, una nueva versión de la historia acaba de estrenar en Netflix, esta vez en formato serie. Titulada Snowpiercer, la adaptación no está tan lograda como el filme de Bong Joon-ho, pero los dos primeros capítulos son entretenidos e invitan a seguir viendo más. 

Como suele hacer con algunos de sus contenidos, la plataforma de streaming no puso la serie completa a disposición de sus usuarios. Los episodios son liberados semanalmente, lo que obliga a los espectadores a dosificar la ansiedad. 

Un experimento para solucionar el problema del calentamiento global termina destruyendo la vida terrestre casi en su totalidad. Los únicos sobrevivientes son los pasajeros de un tren que recorre el planeta cíclicamente. Afuera, la temperatura supera los -120 grados y el paisaje es de un blanco total.

Como una réplica de la vida real, el tren está divido en clases sociales: los que están al final apenas tienen para comer, y los que están más adelante disfrutan de fiestas y lujos. 

La serie es un thriller futurista que no ahorra en violencia, hay mucha sangre y   escenas de una crueldad que impresionan. Las actuaciones son correctas en general, en especial las de Jennifer Connelly y Daveed Diggs. Sin embargo, no logra desarrollar a sus personajes ni profundizar en la situación de desigualdad que pretende mostrar. 

Snowpiercer se queda a mitad de camino pero se deja ver. Además de llegar en un momento que resulta oportuno por su temática. 

Snowpiercer. (Netflix)